
El Rincón de Solsticio
ARTICULO 10: La galerna del Sábado de Gloria en Santander

De las muchas galernas de que se tienen noticias, voy a referirme a la que aconteció el 20 de abril de 1878, que, por haber coincidido con la celebración del último día de la Semana Santa de aquel año, se conoce como galerna del Sábado de Gloria. Por su causa perdieron la vida más de trescientos trabajadores de la mar vascos y cántabros, que dejaron desamparados a un millar de huérfanos. El Boletín de Comercio fue el periódico santanderino que primero dio la noticia. Informaba de que habían salido del puerto de Santander, hacía las cinco de la madrugada 23 lanchas mayores, 7 barquías y una trainera, además de otras embarcaciones cuyo número se desconoce. Reinaba una ligera brisa del nordeste, que continuó hasta las diez, hora en que todas las embarcaciones estaban ya cogiendo sardina. Había viento sur en tierra y a lo lejos unos oscuros nubarrones presagiaban temporal. Serían las doce cuando éste se desarrolló de una manera horrible, con viento del noroeste.
Entonces se dispuso el regreso a puerto o a las ensenadas inmediatas. La mayor parte de las embarcaciones estaban a unas cuatro leguas al oeste-noroeste de Cabo Mayor, hacia el frente de Suances, colocadas en los lugares que conocen los pescadores con las denominaciones de Punta de Santoña, Miguelillo y La Garma. Se dispersaron y muchas intentaron refugiarse en las ensenadas de la Virgen del Mar y de San Pedro. La mar estaba mediana, pero arqueando bastante. El viento, huracanado, hizo que en algunos momentos hubiese necesidad de arriar “la unción”, que alguna lancha trajo hecha pedazos. El temporal, que apenas había durado tres cuartos de hora, se había cobrado la vida de más de trescientos pescadores.
Santander apenas contaba con 40.000 habitantes muy ligados al puerto y a su comercio con ultramar. Era una ciudad muy animada, próspera y comercial. Tenía un tranvía de vapor que llegaba hasta la segunda playa del Sardinero, donde los baños de ola competían con los mejores establecimientos balnearios de la época. Había plaza de toros, teatro, baile campestre, cafés, casas de baños de aguas dulce y salada, Instituto, escuelas públicas y privadas, navieras, bancas, agencias mineras, industrias, establecimientos de carros y carretas de transporte, carbonerías, fábricas de jabones…
El ejercicio de la pesca y navegación era totalmente libre. Cualquiera podía competir con los trabajadores de la mar con solo anotarse en la Cofradía. Los pescadores ya no iban a la pesca de la ballena y el bacalao, restringiendo sus capturas a las costeras del bonito, la sardina, el besugo y la anchoa. Solían alejarse de sus puertos entre 50 y 100 millas. Sus embarcaciones eran de madera, sin cubierta. Las que pescaban merluza, bonito y besugo eran las mayores. Las barquías y las traineras, las menores. En las primeras cabían hasta catorce hombres y un patrón y tenían tracción doble, manual y a vela. Su arboladura contaba con un solo palo y una gran vela, que, en apuros, solía cambiarse por otra más pequeña, llamada la unción. También se podía arbolar un tallavientos, que era un pequeño mástil con vela cuadrada.
En general, el marinero era hombre piadoso, que oía misa solemne los domingos y fiestas de guardar. Rezaba el credo al cruzar la barra y exclamaba ¡ Alabado sea Dios! al hacer su primera captura. Su atuendo habitual era la blusa, más corta que la de los trabajadores de otros oficios. Su gran lujo, un traje de pana o una chaqueta de mahón. Calzaba alpargatas en tiempo seco y almadreñas si esperaba que lloviera. La mujer vendía el pescado y reparaba las redes. Las bodas eran en tiempo de vendimia. Al novio le regalaban una barquía con todos los trebejos del oficio. Las mujeres vestían buena parte de su vida hábitos de la Virgen del Carmen o de San Antonio, en cumplimiento de promesas en las que el Cantábrico y sus temporales tenían mucho que ver. La mayor parte de las familias pescadoras cubrían malamente sus necesidades vitales cuando había pesca, sin ningún tipo de ayuda institucional que protegiera sus infortunios.

FUENTE: RAM (REVISTA AFICIONADOS A LA METEOROLOGÍA)
Actualizado (Martes, 29 de Noviembre de 2011 23:49)
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